Somos una Empresa B: hablamos con Francisco Murray, Director Ejecutivo de Sistema B Argentina

Increase es una Empresa B certificada. Esto quiere decir que asumimos el compromiso de buscar en el largo plazo generar un triple impacto: económico, social y ambiental. Conversamos con Francisco Murray, Director Ejecutivo de Sistema B Argentina, sobre cómo empezó este movimiento, cuáles son las características que una compañía debe respetar para poder ser parte y qué objetivos se plantean para el futuro.

– ¿Qué búsqueda a nivel global creés que impulsó al surgimiento de Sistema B?

Esto nace de un gran propósito, poder integrar lo que hacemos todos los días con generar un impacto al mismo tiempo. Antes las organizaciones estaban disociadas, una empresa generaba valor económico, el estado impacto y una asociación civil algo bien específico. Las Empresas B lo que hacen es integrar todo eso en una sola organización. Que lo que hacemos todos los días no sólo nos impacte a nosotros sino que genere un valor colectivo.

La característica fundamental es que integran en su modelo de negocio la solución de problemáticas sociales y ambientales. Eso es una Empresa B.

Las Empresas B surgieron en Estados Unidos, emprendedores con una compañía que tenía una serie de políticas de impacto ambiental y social tuvieron que hacer una venta hostil: recibieron una oferta muy importante, el tema llegó a la justicia y como para la ley el único fin de una empresa es el lucro, maximizar las ganancias de los accionistas, se vieron obligados a venderla. Los nuevos compradores eliminaron todos los beneficios sociales y ambientales que tenían porque no eran rentables. A raíz de esa desilusión deciden crear una certificación para identificar a los actores que realmente hacían las cosas bien.

– ¿Cuáles son los rasgos más importantes de las Empresas B? ¿Qué compromiso deben asumir estas empresas para poder ser parte?

La característica fundamental es que integran en su modelo de negocio la solución de problemáticas sociales y ambientales. Eso es una Empresa B.

Además, modifican su estatuto. Ponen en el objeto social de la compañía el impacto que buscan. Así comprometen a todos los accionistas, no es una locura de un gerente o de un jefe de proyecto. Y deciden medir su impacto mediante la evaluación B.

Y por último, declaran su interdependencia. Hablamos mucho de independencia pero es una falacia, vos no sos independiente, dependés de millones de personas. Y lo que vos hacés repercute en millones de personas. Somos autónomos, decidimos por nosotros mismos, pero somos interdependientes. Al ser horizontales y trabajar como pares todo es una red.

Para certificar, una empresa tiene que modificar su estatuto y lograr un puntaje en la evaluación B que mide el impacto según su modelo de negocios y sus prácticas, lo que hacés y cómo lo hacés. Para esto se evalúan cinco ejes:

1.- La propuesta de valor al cliente.
2.- Políticas de gobernanza que deben ser transparentes.
3.- Vínculos con los trabajadores.
4.- Relación con la comunidad (organizaciones, fundaciones, proveedores, clientes).
5.- Políticas medioambientales.

La evaluación B está planteada desde un esquema propositivo que te permite entrar en un proceso de mejora continua.

– ¿Cuál es la importancia que tiene para una empresa la certificación B?

Hay tres grandes valores en esto. El primero es que tenés una organización que certifica lo que vos hacés, con lo cual evitás la venta de humo, alguien valida que lo que vos hacés tiene impacto. Después está el proceso de aprendizaje, que para mí es fuertísimo. La evaluación está planteada desde un esquema propositivo que te permite entrar en un proceso de mejora continua. Lo último es la comunidad, participar en una red de empresas que juegan de una misma manera.

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– ¿Por qué creés que este movimiento crece tan fuerte en Latinoamérica?

Porque estos temas están muy arraigados en la cultura latinoamericana y Sistema B trajo una propuesta de valor para un sector que no estaba acostumbrado a trabajarlos desde su ámbito: el empresarial. Las Empresas B generaron la innovación de meter el impacto en el mercado, en tu día a día. Le damos a las personas una herramienta para impactar que no tenían.

– ¿Qué pueden hacer las empresas para difundir y ayudar a expandir este concepto?

La próxima gran era es la revolución del consumidor. Estas empresas buscan empoderar al consumidor y la clave es que sepa que lo que está consumiendo trasciende, que no es lo mismo comprar una zapatilla importada de China que una hecha de neumático reciclado fabricada en un penal de Mendoza. El desafío es que esto llegue al consumidor, concientizarlo de que puede impactar desde el mercado.

– Según tu mirada, ¿cuáles son los principales logros que han alcanzado hasta ahora?

Sistema B ha logrado instalarse a nivel regional como un referente de triple impacto y está logrando acercar a las empresas a la solución de problemáticas comunes. Hay compañías que hace siete meses no sabían lo que era una Empresa B y hoy tienen programas para que sus empleados terminen el secundario. Son cambios, transformaciones. Eso es importante. Eso es innovación, traer una herramienta para que un sector que naturalmente no se comprometía en las soluciones lo haga.

La gran oportunidad que tenemos es transformarnos en un referente global desde Latinoamérica, aportar nuestra cultura para resolver problemas globales.

– ¿Cuáles son los objetivos a largo plazo de la organización?

En Estados Unidos y Europa el nombre que usan para la Empresa B es B Lab, ellos sólo ponen foco en las empresas. Nosotros tenemos una visión sistémica, creemos que no alcanza con las empresas. Necesitamos que cambien los inversores, el estado, la academia, entonces trabajamos con todos. La gran oportunidad que tenemos es transformarnos en un referente global desde Latinoamérica, aportar nuestra cultura para resolver problemas globales.

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