Solucionar el problema de moverse por la ciudad: Alejandro nos cuenta la historia de Muvin

Solucionar el problema de moverse por la ciudad: Alejandro nos cuenta la historia de Muvin

Cada integrante de la #ComunidadIncrease tiene una historia que seguro es muy parecida a la tuya: horas de esfuerzo, de planificación, superar obstáculos y encontrar la manera de impulsar un sueño. Compartirlas puede ayudar tanto a alguien que recién empieza como también a quien lleva años de trabajo y ya atravesó situaciones similares. Conversamos con Alejandro Leston de Muvin, cliente de Increase y líder de la #ComunidadIncrease, sobre el nacimiento de su proyecto, los inconvenientes que atravesaron en cada etapa, de qué manera con Increase ayudamos a potenciar su negocio y para terminar le pedimos que nos deje un consejo para otros comerciantes.

#ComunidadIncrease
¿Cómo empezaron con Muvin?

Soy ingeniero mecánico en autos, cuando estaba a punto de recibirme me empezó a agarrar la inquietud de que estaba estudiando sobre algo con un futuro incierto. Si bien la industria del auto creció de una manera impresionante en los últimos años, no me terminaba de cerrar. Como que estaba viniendo algo nuevo y yo me lo estaba perdiendo. Investigamos y nos decidimos por lo que es movilidad alternativa. En ese momento se hablaba de propulsión a hidrógeno, eléctrica, cada marca tenía su propuesta de cómo iba a ser el auto del futuro. El auto existe porque vos tenés que ir a trabajar, querés viajar, necesitás movilizarte. Y con este concepto de movilidad más que de un vehículo en particular, pensamos qué va a pasar en el futuro y encontramos dos tendencias: una es transporte público, que es una industria para grandes jugadores, y la otra es que los vehículos deben achicarse. Nos inclinamos por la movilidad personal. Un vehículo que ocupa mucho menos espacio, que es mucho más económico y mucho más eficiente. Ahí empezamos a ver qué es movilidad personal, qué existía y qué nos parecía que tuviera sentido.

¿Así surgió la idea de las bicicletas?

Primero pensamos en los segways pero resultaron carísimos y poco prácticos. Después caímos en algo que estuvo siempre que era la bicicleta. Algunos países, incluso muy desarrollados como Holanda, Dinamarca o Alemania, nunca dejaron de usarla. Nos pareció que tenía sentido pero que si buscábamos una propuesta de futuro no podíamos vender bicis como en cualquier bicicletería. Queríamos tomar a la bicicleta como un elemento de movilidad, como un medio de transporte. Nuestra primera línea de producto fue una de bicicletas plegables porque nos parecía un vehículo muy práctico para alguien de ciudad, que labura en una oficina y vive en un departamento. Hicimos un estudio de mercado y detectamos qué problemas hacían que la gente no usara la bicicleta en la ciudad. Los accidentes y los robos era dos temas importantes. El gobierno empezó a hacer ciclovías, eso ayudó por un lado. Y por el tema robos pensamos en tres soluciones: que la puedas llevar con vos, elementos de seguridad y seguros. Así que largamos las tres cosas.

Caímos en la bici porque solucionaba muy bien la problemática que queríamos resolver, pero lo nuestro es la movilidad personal y es un campo muy amplio. Existen infinidad de vehículitos que se están inventando hoy en el mundo.

¿Cuáles fueron las dificultades con las que se encontraron al principio?

Nos encontramos con mil y un problemas. Para empezar teníamos un producto importado y por las restricciones de ese momento no lo podíamos ingresar a Argentina. Señamos la mercadería al que hoy es nuestro proveedor más grande, armamos el plan de negocios, ya teníamos una fan page en Facebook y muchos clientes esperando que llegue su bici y todo se complicaba cada vez más. Hasta que en un momento dijimos: ‘Esto no va a entrar’. Entonces nos reunimos y decidimos irnos a Uruguay, fuimos un verano a Punta del Este, alquilamos un departamentito donde armábamos las bicis y nos pasábamos el día pedaleando por la península. Estuvimos 11 días y nos compraron 18 bicicletas. Pensamos: “Si vendimos tantas en pocos días de un producto que no conoce nadie, en un lugar donde nadie nos conoce tampoco a nosotros y donde no tenemos un local, si ponemos uno la rompemos”. Promocionábamos las bicis en Argentina pero no las podíamos vender acá, mucha gente viajaba a comprarlas. Todo ese año seguimos avanzando en Buenos Aires y en noviembre abrimos nuestro primer local en Punta del Este. Hasta ahí, nos manejamos casi como si fuéramos un comercio online. No tenía nada que ver con lo que habíamos pensado en un principio pero fue lo que nos quedó. Seguíamos intentando destrabar las cosas en Argentina pero se complicaban cada día más.

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¿Cómo pudieron resolverlo?

Al año siguiente, en junio, abrimos un local en Buenos Aires. Fue tirarnos a la pileta porque no teníamos ni mercadería. Parecía una galería de arte: un producto por acá, cinco metros más allá otro. Teníamos algunos accesorios importados y vendíamos la esperanza de que en algún momento iba a llegar la plegable. También lo hicimos como para ponernos presión para destrabarlo. Las primeras bicis que pudimos importar llegaron como cuatro meses más tarde.

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¿Cómo fue desarrollándose la idea?

El concepto nunca cambió, lo nuestro es la movilidad. Nos metimos mucho en el tema bicis porque no dejó de tener sentido, el gobierno le puso mucho empuje, las empresas se sumaron y los usuarios acompañan. Le sumamos mucho valor agregado y servicios: vendemos seguros, accesorios, tenemos servicios de posventa, ventas corporativas, customizamos algunas cosas. Hoy estamos centrados cien por cien en la venta retail y seguimos en Uruguay y en Argentina.

¿Cuál es el futuro de Muvin?

Estamos metiéndonos en todo lo que tiene que ver con movilidad eléctrica. Puntualmente bicicletas con asistencia eléctrica que la vuelven un vehículo todavía más eficiente: en lugar de hacer cinco kilómetros, hacés veinte con el mismo esfuerzo. Estamos pensando si entramos en vehículos eléctricos no asistidos, motos por ejemplo. Siempre hablando de lo mismo: movilidad liviana para la ciudad. Caímos en la bici porque solucionaba muy bien la problemática que queríamos resolver, pero lo nuestro es la movilidad personal y es un campo muy amplio. Existen infinidad de vehículitos que se están inventando hoy en el mundo.

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¿Cómo empezaron a trabajar con Increase?

Lo conocimos por redes sociales, uno de los chicos que trabaja con nosotros nos lo comentó. Desde que empezamos el tema tarjetas de crédito fue siempre una zona gris, un agujero negro, algo desconocido. Nunca tuvimos la certeza de que lo que nosotros vendíamos nos llegaba. Tanto acá como en Uruguay. Entre las retenciones y los costos ocultos, siempre fue algo que nos generó mucha incertidumbre. Me contacté, me dieron la prueba de siete días sin cargo y me pareció algo muy piola. Es una herramienta fundamental, en un mundo de complejidad y más para una empresa chica como la nuestra. Te facilita mucho el laburo, está buenísimo que sea mucho más simple y mucho más gráfico. Yo cobro con tarjeta, después lo que me depositan en el banco es inentendible. No podés planificar, no podés saber cuánto te va a entrar. Ahora trabajo sabiendo cuánta plata me va a entrar, eso es clave. Revisar una liquidación para un comercio chico es chino básico. La información que te da Increase es genial, el calendario de acreditaciones, conciliaciones de tarjeta de crédito mensuales y también los contracargos: a mí me avisó ayer que había un problema y ya me comuniqué con la tarjeta, podés adelantarte. Es fundamental.

Cuando arrancás tenés que aliarte con personas que ya hayan pasado por ahí y que conozcan el día a día de un emprendimiento. Que puedan decirte por ejemplo: “No te vuelvas loco con las tarjetas de crédito, existe Increase”.

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Desde tu experiencia, ¿qué podés recomendarle a otro comerciante?

Paciencia. En todos los aspectos que involucra tener una empresa, tenés que remarla. Con el tiempo vas encontrando herramientas y cosas que antes nos parecían súper complejas hoy las tenemos muy aceitadas. Para que ese proceso sea mucho más rápido está muy bueno el networking. Decirle a alguien que ya está en el quinto año de su emprendimiento: “Che, dame una mano con esto”. La realidad es que hay un montón de cosas en las que te quedás patinando y existen herramientas para zafar de eso. Cuando arrancás no podés contratar una consultoría en cada área, por eso tenés que aliarte con personas que ya hayan pasado por ahí y que conozcan el día a día de un emprendimiento. Que puedan decirte por ejemplo: “No te vuelvas loco con las tarjetas de crédito, existe Increase”. Todo es demasiado incierto cuando uno recién arranca. Hace poco alguien me dijo: “Emprender es ir contra todo”. Armar un negocio es saber bien lo que querés hacer y después ponerte a tumbar muñecos. Nosotros pasamos las mil y una pero siempre estamos mirando al futuro. Y eso es lo que hizo que no bajemos los brazos. Siempre hay que ver más adelante.

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